(Original de Martina Francesca, setiembre de 2019)
Hace algún tiempo me topé por accidente con una frase de Jeff Bezos (fundador de Amazon): “para que un proyecto (bussiness, lo nombra él) tenga éxito, mejor enfocarse en aquello que no cambiará en el futuro, en lugar de hacer previsiones al azar”.
Yo y el bueno de Jeff tenemos, creo, una visión del mundo diametralmente opuesta. De hecho, en mi opinión, lo que no cambiará en el futuro no tiene que ver con envíos cada vez más rápidos o aparatos que cuestan cada vez menos. A la vez, esa frase me dio un impulso de imaginación y voy a tratar de reapropiarme de ella…

Probablemente hay muchas cosas que no cambiarán en el futuro: tendremos la necesidad de nutrirnos, de tener un refugio u hogar, de cuidar nuestra salud, de encontrar un sentido a nuestras vidas a nivel individual y comunitario… Aún seremos dependientes de la naturaleza no sólo para la comida, sino para nuestra supervivencia en general, tendremos aún necesidades, emociones y ese espíritu social que nos impulsa a hacer cosas colectivamente. Exactamente por este último motivo, la facilitación será seguramente útil, sea lo que sea que el futuro nos depare.
Los tres escenarios
Bezos, desde su mirada, sostiene que los clientes querrán precios cada vez más bajos, envíos rápidos y muchas posibilidades de elección. Sin embargo, ello implica asumir que el sistema económico y la cultura permanecerán iguales para siempre y yo no estoy tan segura.
Por tanto para explorar más a fondo su consejo, un solo escenario de futuro no basta. Por ello me he inspirado en tres escenarios posibles, que describo acá en modo esquemático para imaginar el posible rol de la facilitación en cada uno de ellos.
Escenario 1 – La cosa sigue como fue hasta ahora
En este escenario hacemos cuanto sirva por sostener el crecimiento ilimitado de la economía y el progreso continuo de la humanidad. Nos encomendamos a la tecnología para buscar soluciones a nuestros problemas, persiguiendo nuestro objetivo de conquistar el universo.
Aún si en este escenario estamos rodeadas de tecnología súper inteligente, tendremos igualmente necesidad de coordinarnos y de tomar ciertas decisiones con otras personas, y habrá cuestiones políticas sobre las cuales no será tan fácil llegar a acuerdos. Sin contar que, en este escenario, emergerá probablemente con fuerza un sector de la población que no está de acuerdo con esta visión del mundo y quiere organizarse y colaborar para generar otras posibilidades. Probablemente aún las partes más afines a este escenario, se darán cuenta que si queremos conservar nuestra identidad humana en un mundo dominado por la tecnología, será necesario cultivar ciertas cualidades humanas como la empatía, la creatividad o la inteligencia colectiva. Por tanto sea en un escenario de generar alternativas, sea en uno de apoyar la parte humana de las personas que seremos, la facilitación encuentra un lugar.
Escenario 2 – Colapso
Los ecosistemas en crisis, el cambio climático, el agotamiento de los recursos llevan a un colapso más o menos rápido y repentino del sistema económico, a la vez que las estructuras sociales por consiguiente comienzan a entrar en crisis.
(Nota de traducción: este artículo fue escrito antes del 2020, lo cual pone en evidencia que este escenario no es tan improbable como pudiera parecer).
En este escenario la facilitación y su parte social (apoyo a comunidades, organizaciones, vecindarios…) se vuelve indispensable: no sólo para prevenir o transformar conflictos, mantener espacios de escucha y diálogo o generar acuerdos de convivencia y actuación en situaciones críticas, sino también como instrumento para reorganizarnos y tomar juntas decisiones colectivas flexibles y resilientes.
¿Cuáles son los valores y propósitos que querremos mantener en este escenario? Yo imagino la facilitación como uno de los posibles guardianes de estos valores en esos momentos de cambio y transición.
Escenario 3 – El gran cambio (the great turning)
Ante la emergencia climática y ambiental, la desigualdad social, decidimos valientemente cambiar de sistema sustituyéndolo con estructuras sociales y económicas que sostienen la vida, humana y no humana.
En este escenario, una nueva visión de la vida, del mundo y las relaciones comienza a ser integrada en los procesos de toma de decisiones y en la construcción de sociedad a todos los niveles: en las estructuras organizativas y de gobernanza, en las formas de diálogo y las relaciones entre personas.
En esta visión aprendemos poco a poco a pensar como un ecosistema, en donde naturaleza y cultura están conectadas y son interdependientes. La facilitación, desde nuestro enfoque y, quien sabe, con sus nuevos métodos aún por inventar, puede ser un precursor de esta visión ecosistémica y un instrumento clave para apoyarla.
… ¿y para qué vale la facilitación hoy?
Viendo los escenarios posibles, podría parecer una buena idea entrenarnos en la facilitación y difundirla más y más desde su enfoque más transformador. No se trata de adquirir competencias que sirven a adaptarse simplemente o competir en el mercado laboral de mañana, no va por ahí, sino que dedicarse a la facilitación quiere decir para mí, en primer lugar, sostener una cultura emergente que está cambiando nuestra visión del mundo. Porque la pregunta más importante no es cuál será el escenario más probable, sino, ¿cuál es el escenario que queremos sostener?
¿De qué estoy hablando en concreto? De una transformación cultural, social e interior que podría esquematizar más o menos así:
competición → apoyo mutuo y colaboración
individualismo, separación → interdependencia
pensamiento lineal → pensamiento sistémico
Pero éste no es el único sentido de la facilitación hoy día. Jonathan Franzen (periodista norteamericano) escribe esto:
“Para sobrevivir a las temperaturas en aumento (a la emergencia ambiental, a las desigualdades sociales y al resto de factores que hacen que el escenario actual sea tan poco alentador, añado yo) será necesario que cualquier sistema del mundo natural y humano sea lo más sano y fuerte que podamos”.
Para mí la facilitación, junto a otros enfoques, teorías y modelos, sirve hoy para esto: reforzar las comunidades, las relaciones interpersonales, fortalecer la democracia en su sentido profundo, tomar decisiones sabias, apoyar un diálogo cuidado y generativo sobre temas complejos, aprovechar la inteligencia colectiva, o interrogarnos colectivamente sobre qué visión del mundo nos mueve y qué valores queremos cultivar.
Y esto nos apoya en conseguir sistemas humanos no sólo sanos y fuertes, sino también flexibles, resilientes, creativos, capaces de reflexionar sobre sí mismos y adaptarse en modo generativo a un contexto en constante cambio.
Estoy segura de que hay tantos modos de entender la facilitación como personas se dedican a ello, y esto es en parte una riqueza. El mío es este: la facilitación forma parte de esta cultura emergente y nos ayuda a preparar un buen terreno donde cultivar aquello que seguirá siendo importante.
Fuentes e inspiración
Más allá de lo anecdótico sobre la frase de Jeff Bezos, la inspiración para este artículo llega de una serie de conversaciones con amistades y compañeros sobre el tema de la cultura emergente y cómo la facilitación forma parte de ésta.
Para los tres escenarios me he basado en los descritos en Active Hope de Joanna Macy y Chris Johnstone. Para la cultura emergente, ojea La trama de la vida de Fritjof Capra, como también Active Hope.
La traducción de la cita de Franzen proviene del artículo en este último vínculo.